La luna y la niña

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Había una vez una niña a quien la luna le concedió el poder de fructificar los campos. La aldea donde vivía era muy próspera, los habitantes vivían felices porque siempre tenían cosechas.

Un día los corazones de las personas se llenaron de soberbia y despreciaron a la niña. Ella lloró amargamente, tanto que sus lamentos llegaron hasta la luna y las dos lloraron. Sus lágrimas inundaron los sembrados y no hubo alimentos.

Todos se pusieron muy tristes y fueron a pedirle perdón a la niña, pero ella no podía hacer nada, ya no tenía poderes. Sin embargo, la niña se dirigió a la luna y le pidió ayuda para su pueblo. Ésta, en respuesta, le dijo que tenía que dar su alma para salvarlos. Sin pensarlo, la niña aceptó.

Las personas de la aldea lloraron y sus lágrimas se juntaron hasta formar un río donde brotó una rosa y en medio de ella la niña. Y una voz que decía: “Tú diste tu bondad a todas estas personas, te devuelvo tu alma”

Rosa Rosales Arrieta, estudiante de quinto grado del Colegio (IED) El Pueblo. Profesor: Javier Arrieta. Promotora de lectura de la Fundación Círculo Abierto: Ana Milena Polo

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