El universo de leer

universo

El tiempo avanza, los días pasan, el año escolar pronto termina. Un proyecto pensado para maestros, pero cuya vida depende de las pequeñas caras que nos acompañan en nuestras visitas.

No siempre es fácil lograrlo. La lluvia, las agendas de las instituciones, el tiempo acelerado de la sociedades modernas y los muchos festivos de nuestra querida Colombia hacen que muchas veces los delimitados cronogramas no se cumplan como fueron planeados bajos las leyes de la necesidad, sino que la vida los somete a su tránsito contingente. Esta contingencia inherente a la vida es la que hace que mi vida, la de promotora, la de cada uno de los maestros y la de todos los niños y niñas del salón se devele una vez cada quince días. Sin querer todos perdemos la mascara, mientras leemos, por instantes vuelvo a ser Daniela, los maestros revelan su nombre y claro, ellos, los pequeños gigantes gritan quienes son y, con sus nombres, lo enseñan todo, cada detalle de su vida íntima.

Es de esa contingencia de la que quiero hablar, porque más allá de los formatos, los códigos institucionales, los deberes, estos espacios de lectura son el espacio propicio para la colisión, sí, la colisión de la todos esos mundos que ahí se encuentran. Mis pesares, mis alegrías, mis preocupaciones se disipan, en esos momentos de compañía, el trabajo deja de ser trabajo, la clase deja de ser una clase. El libro, su narración, nos hace a todos los presentes, estar juntos ahí, con un mismo propósito: perdernos. Al leer nuestros mundos se encuentran dibujando con la carne y los cuerpos la imagen del universo, así debe reflejarse. Quien husme por la ranura de la puerta debe ver frente a él un universo.

Tal vez por esta razón muchas veces me alegro de recorrer la ciudad, soportar el trafico, caminar y salir oliendo a olores muy ajenos al mío propio. Tal vez por esa razón mi corazón se derrite cuando un chiquillo me persigue hasta la puerta para entregarme una galleta, la galleta que le dieron para merendar. Ese amor es mutuo y tiene el mismo origen: el libro del día.

Texto por Daniela Pabón Llinás, promotora de lectura de la Fundación Círculo Abierto

 

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