El aguacate es despistado

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Muchos somos los seguidores de la fantasía, pero existen tantos sucesos mágicos alrededor de la cotidianidad, que duele un poco dejarlos pasar sin contar una pequeña historia dedicados a ellos. Y no tenemos que ser representantes del realismo mágico para hacerlo. Por ejemplo, un domingo cualquiera, comiendo aguacate, me puse a pensar: ¿Cómo sería contarle una historia sobre el aguacate a un niño?

Y esto fue lo que me salió:

Cuando la tierra americana era joven, y ni siquiera se llamaba América, los animales eran muy grandes y las plantas también, porque la mano del hombre no los tocaba, y podían crecer a sus anchas y largas por la tierra. Eran salvajes, y vivían en una felicidad tan grande como sus huesos y semillas.

Entre esos gigantes habitantes, estaban los perezosos Milodones, que eran tan grandes como los elefantes y los Dientes de Sable, que tenían grandes dientes afilados. Los felinos dientes de sable no eran vegetarianos y no eran especialmente los mejores amigos de los perezosos Milodones. ni de los toxodontes, que eran grandes y pesados como piedras gigantes ni los gonfotéridos, que eran los mejores amigos de los palos de aguacate, que eran reconocidos por ser despistados. Tan grande fue su despiste que no se imaginan lo que pasó después con ellos.

Los gontoféridos y los palos de aguacate tenían una de esas amistades que estaban destinadas a ser eternas. El aguacate era el fruto preferido de los gontoféridos, y es que se lo podían comer deliciosamente de un solo bocado, con todo y semilla gigante. Así de grandes eran los gontoféridos. Era como si hoy día un caballo se comiera una ciruela. Los gontoféridos devolvían el favor al palo de aguacate, dejando las semillas que se comía, por ahí, cuando viajaba. Las semillas eran muy pesadas, y necesitaban de este transportador gigante para reproducirse en tierras lejanas. Era un trato muy bueno para todos, en esos tiempos de grandes proporciones.

Pero los tiempos fueron cambiando, y los animales también. Todos cambiaron… las plantas y animales empezaron a ser más pequeños. Las semillas de todas las demás plantas y frutas empezaron a ser transportadas por aves y roedores que caben en la palma de una mano humana. Los humanos eran cada vez más, y el mundo empezó a parecerse entonces a su tamaño, y ellos le llamaron domesticación.

Al aguacate, los humanos no se lo podían comer entero, pero igual se las arreglaron para comer su pulpa y dejar la semilla. Pero el aguacate no se dio cuenta, o no quiso darse cuenta, y siguió teniendo hijos con semillas tan grandes como para los gigantescos vegetarianos de hace tiempo atrás. Pero ellos ya no estaban, ¡el aguacate es despistado!

 Texto por Estefanía Mejía, promotora de lectura de la Fundación Círculo Abierto

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