La biblioteca secreta de Haruki Murakami

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Como había prometido empezamos a leer una historia de terror, tal vez, una historia no tan beneficiosa para el propósito de un proyecto de promoción de lectura, pues el lugar donde ocurren los hechos es una misteriosa biblioteca. Es la historia de un curioso chico que a la salida del colegio se pregunta por la vida de los recaudadores de impuesto del imperio otomano. Excitado por la extravagancia de su reflexión, no tiene otra opción sino ir a la biblioteca pública a buscar información.

Desde que llega a este extraño sitio el chico es sobrecogido por el silencio del lugar. La bibliotecaria, rodeada por un aliento de vejez y tedio, remite al chico a la zona donde se encuentran los libros especializados. Ahí lo atiende un señor mayor, de aspecto desagradable y tenebroso, que con gran brusquedad le entrega un par de libros pesados por su extensión, libros que para sorpresa del chico no pueden salir de la biblioteca.

Entonces comienza la aventura, la desagraciada aventura de un curioso chico, mientras recorren la biblioteca buscando la sala de lectura donde debe quedarse leyendo los libros sobre los recaudadores de impuesto del imperio otomano. El chico descubre que la biblioteca es en realidad un calabozo donde es prisionero y que el malvado señor, con ayuda de un noble chico cabra, se encargaran de mantenerlo encerrado , a pesar de que su madre lo esté esperando en casa.

La tarea del chico como prisionero es leer, entre más lee, mejores serán sus condiciones, pues la creencia del perverso bibliotecario es que la lectura hará de él un chico más inteligente y en este proceso sus sesos engordarán y serán cada vez más blandos. Manjar de sesos, esa las idea.

No llegamos al final, no al verdadero final, tampoco lo haré aquí con ustedes. Les voy a contar que los chicos antes de enterarse del verdadero desenlace escribieron su propio final. Muchos hicieron de esta historia de terror tramposamente para chicos, una novela colombiana de sicarios. Otros más libres y lejanos a los estragos de las radiaciones de las emisiones televisivas (de las que la mayoría somos asiduos dependientes, pero eso ya es otra historia de terror en sí), inventaron monstruos sin precedentes nunca antes vistos o hicieron de esta lejana biblioteca una biblioteca local donde revivían las criaturas de las leyendas colombianas.

Mi final favorito fue el de un grupo de chicos quienes con creatividad propusieron que un final verdaderamente terrorífico para la historia era aquel en el que el castigo del chico fuese: ¡leer el libro más extenso del mundo! El chiste le cayó a la promotora de lectura. Antes de descubrir el final, ojalá se animarán a compartir su final para esta historia de terror.

Texto por Daniela Pabón Llinás

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