Una mirada al ayer

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Miradas tristes que se pierden en una fotografía antigua, traen al presente recuerdos de tiempos tranquilos, más saludables. Tiempos donde había poco, pero se disfrutaba mucho a plenitud con las familias y vecinos del barrio, gozando de reuniones en las amplias terrazas de las casas o en los grandes patios llenos de árboles frutales, organizando juegos en las polvorientas pero frescas calles de donde se entraba limpio y se regresaba blanco de la arena. Los bailes populares o las llamadas casetas tradicionales de barrio, amenizadas por agrupaciones en vivo, interpretando canciones de la época inspiradas en historias de amor, escritas por compositores innatos y humildes que sentían en sus venas cada letra que escribían, ideales para escuchar o para bailar junto a una pareja prestada o escapada de casa.

Nostalgia de una ciudad, un pueblo, un país que quedo atrás por ir en búsqueda de un sueño, una vida mejor. Una aventura que por un tiempo trajo muchas alegrías y progreso, pero que poco a poco se fue acortando por diversos factores hasta ponerle fin a esa felicidad momentánea de la cual hoy queda lo más importante, el amor y la familia que unen sus fuerzas para construir en su tierra natal. Toda ciudad es cambiante porque progresa, así como avanza la tecnología, también sus habitantes y hasta sus pensamientos e ideales. Se mantiene y sobresale ese progreso, por los pilares sólidos que la sostienen (costumbres y tradiciones, el nombre, acento) y la hace muy visibles ante las otras.

Con solo una mirada al ayer se trajeron de vuelta muchos recuerdos y tantas experiencias buenas por las que aun vale la pena seguir luchando, porque esa ciudad del pasado no es invisible, cambia la manera de vestir, la estructuras físicas y el transporte, gracias a la tecnología y otros avances, pero aún siguen primando las costumbres, la educación, los principios morales, la familia y la tradición. Toda este reflexión fue posible debido a la reunión de los miembros del club de familia, tras la lectura del texto de Ítalo Calvino “Ciudades Invisibles”.

Texto por Yahizar Michela De La Hoz Padilla, promotora de lectura de la Fundación Círculo Abierto

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