¡Y nos fuimos de safari!

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Solo una tarde bastaría para ir de safari a tierras lejanas y una maleta grande cargada de mucha imaginación. Esta expedición arranca en un castillo, pero no uno cualquiera o salido de las gigantescas compañías productoras norteamericanas de cine como Disney, con sus cuentos de hadas, príncipes, princesas y castillos. No, este arranca desde un hermoso castillo Barranquillero, el de “La Alboraya”, rodeado de paredes antiguas , bullicios de niños con sus juegos y árboles frutales que derraman sus frutas por doquier.

La ruta fue trazada y nuestro destino marcaba Tanzania, un país de África Oriental con escasa vegetación pero con un gran número de reservas y parques naturales. Esto nos permitió observar una variedad de fauna viviendo en libertad y no en un zoológico como en las ciudades y evidenciar la excelente calidez humana entregada por los habitantes de estos pueblos.

Y nos fuimos de safari en la Tanzania imaginaria, con guías, turistas y pueblos nativos. Más adelante el avistaje de un leopardo solitario, con manchas negras y pelaje amarillo por parte del guía, daba como buen presagio lo bueno que sería la excursión, aun sin adentrarnos a la espesa jungla. Caminando en grupo por el extenso llano mojado, dos avestruces cruzaron velozmente, saltándose varios arbustos de coral en su premura. Para entonces tanto turistas como guías emocionados con los animales que habían visto hasta el momento decidieron tomar un descanso debajo de una frondosa acacia, a la que fueron llegando unas enormes jirafas a comer para refugiarse a la vez del calor y de la presencia del rey de la selva, quien con su rugir hacía temblar a la escasa vegetación.

Un aguacero nos hizo correr, terminando el zafarí imaginario por Tanzania, de manera repentina. Por ese momento se nos olvidaron los animales salvajes, la selva, los turistas y guías. Eventualmente en Colombia y en especial en nuestro castillo “La Alboraya”, se retomaron las experiencias de aquel corto pero significativo safari de un grado tercero hacia un país lejano de África Tanzania, y como único transporte el libro de Lauri Krebs, Julia Cairns,”nos fuimos todos de safari”.   Salimos con una maleta cargada y llegamos con el doble de equipajes y con una imaginación más gigantesca que la del inicio.

Texto por Yahizar De la Hoz Padilla

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