El inesperado final del vendedor de gorras

la gorra

Son las cinco de la mañana y el sonido de la alarma resuena de forma ligera, es un día de “Atravesar el Mundo” en un nuevo lugar. Los inquietantes pensamientos y la expectativa que conlleva imaginar como será la experiencia me hacen tomar mi mochila y emprender el viaje. Un poco somnolienta llego a mi destino , la sonrisa de la maestra cambia mi perspectiva, y qué decir de los niños, cuando uno de ellos dice: “Llegó la seño que lee”. Sonrío nerviosa pero feliz, con la gratitud de que el objetivo esta llegando a cumplirse.

Entramos al salón y todos se organizaron rápidamente, la maestra se acerca y me dice al oído: “Ellos nunca son tan juiciosos”. Cuestiono interiormente su cumplido y procedo a sacar mis libros, esta vez elijo: “se venden gorras”. Los niños me miran con sus inquietas caritas a la espera de lo que será un nuevo juego. De repente inicio la lectura y observo como unos cuantos se dispersan, algo poco habitual en ellos.

Desesperada por llamar su atención levanto el tono de la voz pero no logro conseguirlo. Sin embargo, uno de ellos en el fondo susurra “seño, yo quiero leer” y a esto se unen tres voces más con la misma petición. En vista de su insistencia, cedo el libro para que lo hagan y ahora soy yo quien escucha atenta. Cuando el primero terminó su lectura entrega el libro a otro y así de forma secuencial vi pasar este por diferentes manos hasta que finalizaron la ultima página del cuento.

Después les hice una invitación para que se imaginaran otros posibles finales del cuento. Ellos reaccionaron emocionados y se dirigieron a diferentes espacios del aula para recrear sus finales, la única indicación que les di fue que intentaran ser lo mas creativos que pudieran. Pasados 15 minutos empezaron a llegar los diferentes finales, un niño llamado Esneider quiso leerles a sus compañeros el final que había creado, el cual era bastante diferente al del libro.

En el cuento original el vendedor recuperó sus gorras, pero en el de Esneider éste no corrió con la misma suerte, porque las gorras fueron robadas por otro vendedor que jamás las devolvió. Eso hizo que al vendedor le tocara construir con diferentes materiales unas nuevas gorras. Los niños coincidieron en que les había gustado más el final creado por Esneider y él mismo no pudo ocultar su orgullo ante los elogios. Los comentarios fueron interrumpidos por el timbre que indicaba que debían salir a recreo, sin embargo, algunos niños pidieron quedarse a leer sus propios inesperados finales.

Texto por: Arlin Paola Ballestas Sandoval

 

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