Memorias desbordadas

y si

Poco a poco inicia la jornada. Todos a punto de experimentar un encuentro bajo circunstancias desconocidas, a cargo de mujeres nunca vistas, por lo menos para la mayoría. Las sorpresas comienzan desde que entramos al salón, nos reciben con una serie de instrucciones, pero no cualquier tipo de instrucción: “Zapatos a fuera, bolsos a un lado, y todos al piso”.

Habían colocado unas cajas pequeñas, una al lado de la otra, formando un círculo. Cada uno debía sentarse frente a una de ellas. Después de unos minutos, abre la sesión una mujer, ella nos explica que es la directora de la Fundación Círculo Abierto y que estábamos dando inicio a los talleres del programa Atravesar el mundo, propuesta de la Fundación y la Secretaria de Educación Distrital. Nos da una breve explicación de qué son los talleres y nos invita sutilmente a abrirnos, a comenzar el día dispuestos a recibir, a dejarnos sorprender.

Luego nos presenta a dos chicas, las talleristas, les da la palabra. Ellas, por su parte, se presentan, nos dicen su nombre y nos dejan conocer algo de sí. Antes de preguntarnos quienes somos, nos leen un texto, una provocación para dejar que la batuta, por ese día, la lleve la loca de la casa. ¡Cómo que la loca de la casa! Pues sí, la loca de la casa. En un comienzo parece sólo una afirmación poética y no muy real, pero a medida que avanzamos, sin querer, sin si quiera pensarlo, la loca ha tomado la batuta. Ya les explico esto. Con paciencia.

Una de las chicas, tal vez del interior del país, quién sabe, nos dice que en modo de presentación debemos escribir un recuerdo de infancia acompañado de nuestro nombre. Para ilustrarnos, comienza ella. Tremenda historia. Nos cuenta que cuando era chica, en medio de un mundial de futbol, mientras su padre y los demás mayores de edad estaban absortos descifrando la ubicación geográfica de uno de los países contrincantes, ella, de cuatro años, es llevada dentro de un flotador a jugar en la piscina. Mientras los mayores recorrían el mapamundi con la fiebre del gol en la sangre, ¡el flotador se da la vuelta y la intensa chiquilla casi se ahoga! Cuenta sin reparo la historia, y llena de gracia y alegría, hace que todo el salón suelte una carcajada e ignore el hecho que la historia pudo haber sido una trágica noticia, como esas que aparecen a diario en los noticieros nacionales. Como dicen por ahí: ¡recordar es vivir! Así cada uno de los presentes vuelve a través de la memoria a ser el chiquillo de la casa. Nos conocemos ahora un poco más, las caras extrañas, se sienten, a pesar de la extrañeza, conocidas, al menos un poco.

Luego, la otra chica, tal vez de la península Ibérica, quién sabe, nos invita a leer en voz alta caminando el salón. La lectura debe ser atravesada por la experiencia. Debo confesar, que inmersa en las actividades, el orden que el tiempo le dio a la sesión ha sido desbordado por mi experiencia, tal vez la secuencia de mi narración no sea, del todo, fiel a lo ocurrido. En la lectura por tiempos se escuchaba una voz principal, con colores propios, que luego era remplazada por otra y luego por un coro. Las voces se unían, se encontraban y desencontraban al unísono.

Compartimos unos cuantos párrafos del texto La loca de la casa, de Rosa Montero. Los párrafos llevaban consigo un subtitulo, el famoso y recordado “Y si”. Entonces, nos dieron unas herramientas para registrar nuestro propio “Y si”, ¿y si todo lo que he escrito no es más que un producto de mi imaginación? Puede ser. Todo es posible cuando la loca está presente. Por esos instantes cualquier cosa podía pasar. Una chica por ejemplo, pensó ¿“y si” se vienen los cocodrilos del río? ¡Los cocodrilos del río! Pero qué cosa, es un mundo muy divertido el de la loca de la casa.

Una vez terminado el ejercicio, retomamos el círculo, leímos un poco más. Jugamos a recordar, esta vez no recuerdos tan nítidos ni históricos como los de Irineo, pero recuerdos fantasiosos, que sólo son posibles gracias a la imaginación, puente y sistema de conexión entre las dichosas facultades de la razón, ella que hace que la razón se vuelva impura y divertida. Entonces decirlo sobra, ya estábamos desbordados, nuestros limites, aquellos que fijamos a diario con tanta rigurosidad, habían sido difuminados a todo pulmón por la compañía de estas dos desconocidas un poco familiares.

Como ejercicio final, nuestra peculiar y diminuta caja de pandora, tenía una última sorpresa. Leímos un texto final, un Elogio a la sombra. Quién iba a pensar que lo oscuro, lo sombrío, lo gris, podía tener otras connotaciones. Quién iba a pensar que el mal no nace de las penumbras. Nuestra cajita se convirtió por un breve espacio de tiempo en un laboratorio, en un lugar de creación y de experimentación, desafiamos con ellas las posibilidades de los conceptos de luz y sombra. Y jugamos, y luego, escribimos, y algo surgió.

Olvidamos como adultos que las palabras construyen el mundo, que no están vacías, y que aún más importante, ¡siempre son desbordables! La experiencia del primer taller, le dio la batuta de la orquestra al director indicado para este concierto que apenas inicia.

Texto por Daniela Pabón, miembro del equipo de la Fundación Círculo Abierto

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2 respuestas a “Memorias desbordadas

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